La cosecha no cesa durante los 12 meses del año. Distintas variedades de caña adaptadas a las condiciones climáticas de las épocas secas y de lluvias permiten cosechar durante todo el año. De forma que la producción de etanol es constante a lo largo del año.
La enorme superficie agrícola susceptible de ser cultivada con caña de azúcar permite regular muy bien la oferta y la demanda tanto del azúcar como del etanol. Sólo los campos de caña de la planta de Sertaozinho ocupan 240.000 hectáreas, un territorio equivalente a la de la provincia de Álava.
“En Brasil, el 1% de la tierra cultivable produce casi el 50% del combustible que se consume en el país”, asegura Marcos S. Jank, presidente de la Asociación de la Industria Brasileña de la Caña de Azúcar (UNICA), “y hay una superficie de terrenos degradados siete veces mayor que sirve para el cultivo de caña”.
Además del bioetanol que mezcla con sus gasolinas la petrolera Esso, por ejemplo, del procesado de la caña también se obtiene el edulcorante usado por Coca-Cola para sus refrescos o la viñaza, un residuo de la caña de azúcar con el que se produce electricidad suficiente para cubrir el 3% de la demanda total de Brasil, un país con más de 180 millones de habitantes.
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